viernes, 25 de diciembre de 2015

La chica del gym



Qué difícil es mantener conversación con alguien que te gusta. Siento como si estuviera forzando algo que no debe pasar. A ella la conocí en el gimnasio. Cuando alguien me gusta yo soy muy idiota, creo que es muy evidente en mí. Mientras ella hacía sus ejercicios, yo me quedaba mirándola desde lejos, a veces de reojo y otras por el espejo. En ocasiones me perdía en ella, y cuando volteaba - probablemente acosada por mis ojos - yo desviaba mi atención bruscamente para hacerme el loco. 


Así pasé varias semanas: guardándome todo y quedándome calladito porque intuía que una chica guapa como ella nunca se fijaría en un tipo torpe como yo. Es más, creo que ni sospecha que existo o que la miro a escondidas cuando coincidimos en horas de entrenamiento, mucho menos que estoy escribiendo sobre ella. 

A mí nunca me interesó mucho el físico de las mujeres, incluso de las novias que he tenido ninguna ha tenido un cuerpo moderadamente apetitoso, pero eso a mí no me ha importado mucho. Con esta chica me ha pasado todo lo contrario. Tiene un cuerpo bonito, bien trabajado. No es de curvas notorias ni muy pronunciadas, pero es suficiente. No le pediría más. 

Un día cuando coincidimos en horario de entrenamiento, ella sufrió un accidente: Un disco de 10 kg le cayó en el pie y le provocó una hinchazón terrible. La tuvieron que sacar cargando del gimnasio. Cuando salió en brazos de un tipo la vi llorando, me asusté horrible. Esa fue la primera vez que cruzamos miradas. Sus ojos, humedecidos de dolor, me miraron tristes. Lo extraño fue que noté un esfuerzo por contener el llanto al verme. Fue una sensación extraña. Quise acercarme para ayudarle, pero mi inseguridad y mi miedo a ser inoportuno pudo más que yo y me quedé callado, con impotencia por correr a su lado y decirle que todo iba a estar bien. Entonces entendí que mi cobardía suele dominarme. 

Yo estaba con un grupo de amigos y todos hablaban sobre el pie de la chica. Realmente fue muy fuerte el golpe porque tenía el empeine del pie inflamado, como si tuviera una pelota de tenis dentro de la piel. Todos hablaban de eso mientras yo me quedé con la mirada perdida sin saber qué hacer. Y ante esa duda hice lo que siempre hago cuando alguien me interesa: nada. 

Con los días tuve gran curiosidad por saber de ella. Me costó averiguar, pero conseguí su Instagram. Me demoré un par de días en pensar qué escribirle. Tenía miedo de que no me respondiera. Si pasaba eso, tenía que abandonar el gimnasio de la vergüenza. Después me surgió el temor de que pensara que soy un enfermo o un stalker. Me surgieron varias dudas. Por suerte (esto sonará ridículo) encontré valor al escuchar  un opening de Digimon, 'Tengo la fe'. La letra de esa canción siempre me gustó. Desde que la escuché en mi niñez me generó un feeling extraño. En ese entonces no entendía la letra ni le daba el mismo valor que ahora, pero me gustaba. Hoy, casi diez años después, esa canción ya no era parte del final de un dibujo, sino que me daba ese empujoncito para escribirle a 'la chica del gimnasio', como yo le digo cariñosamente. Ahora solo espero que me responda el mensaje. 



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